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10/2/12 1 comentarios

La gula de la office

La ubicación en la oficina es un aspecto muy importante. No es lo mismo estar en una zona de paso que en un despacho aislado.

Es en este punto en el que estar en una zona concurrida con una mesa libre situada estratégicamente en el pasillo es primordial para catar todas las bandejas de comida por celebración de la casa. En mi oficina, la llamamos "la mesa del pecado" o "mesa operación bañador".

Entre muchas reacciones que se repiten incesablemente en las ocasiones en las que hay comida, hay una que me llama mucho la atención y que, concretamente, crispa mi paciencia. Se trata de la aparición de personas no habituales de tu zona (tienden a ignorar tu existencia a no ser que necesiten algo de ti) que, inexplicablemente, pasan por "tu pasillo" en día de bonanza para la "mesa del pecado". Ante este encuentro, podemos encontrar dos clases de individuos:

  1. El alegre besucón:
9/2/12 2 comentarios

En qué pienso cuando voy en moto


Haruki Murakami y su título 'De qué hablo cuando salgo a correr' es quien ha inspirado este post... Así que ¡GRACIAS!

Bueno, allí voy ;)

Desde el 3 agosto, ante las constantes subidas de precio del transporte público, soy una motera en regla. Sin duda, ha sido la mejor decisión del 2011 (aun a pesar del frío de estos últimos días).

Una de las cosas que más echo de menos de mis viajes en metro es escuchar música. Por tanto, como la música del motor de la moto y del resto de vehículos del tráfico barcelonés es más bien monótono, cada día suelo dedicar mi trayecto a pensar sobre distintos temas (sin olvidar las señales de tráfico, que soy muy prudente).

Un tema recurrente es el de los peatones suicidas.
12/11/11 0 comentarios

Familia 2.0


¿No tienes nada que hacer en la habitación?
Una frase muy adecuada que escuché una noche, en la típica "reunión familiar" tras la cena de un día entre semana, de un padre a una hija porque no quería ver el programa que la hija estaba viendo en la tele (sin tener en cuenta que lo importante era estar juntos, no qué imágenes aparecían en la caja tonta). Esa escena me ha hecho reflexionar y hoy he decidido compartirla:
¿Qué está pasando en las familias? ¿Y en nuestra sociedad?
Si miras a tu alrededor, en un bar, en el metro... ¿cuántas personas van hablando y cuántas tienen su mirada fija en el teléfono que tienen en sus manos? Seguro que muchas (yo misma si voy sola). Y si piensas en las personas... ¿cuántos grupos mixtos de personas de más de 25 años ves? (Me da la sensación que poquitos) ¿O son más bien del mismo sexo, amigos todos, que van en grupo y casi tienen miedo de contactar con alguien del sexo opuesto? (Más bien muchos). Como usuaria y apasionada de este tipo de tecnologías, me resisto a pensarlo y verlo de forma tan negativa, pero creo que estamos en una era de la comunicación en la que lo hacemos mejor en la distancia que con los que tenemos junto a nosotros. Si hago memoria de cuándo empezó para mi este "distanciamiento", lo primero que recuerdo es mi walkman de cinta, que ya permitían aislarte en esos viajes en coche, limitando las conversaciones de travesía, aunque también dulcificando el trayecto sin tener que aguantar según que cassettes favoritos de tus padres. Tras eso, los DVD portátiles, que amenizaban los trayectos en transporte público al instituto, a la universidad... La revolución llegó con los reproductores mp3 (y ese maravilloso iPod de tropecientos mil GB). Ahora, móviles con mil funciones increíbles (y adoro mi Galaxy), conexión a internet, aplicaciones de todo tipo y para todo. Y todos con algo en común: la cara de seriedad y de desconexión del mundo de la persona que lo sostiene, y la barrera de comunicación interpersonal.
¿Estamos alienados? ¿La tecnología nos está aislando del resto del mundo?
A veces me da la sensación de que, aunque la tecnología nos brinda muchas oportunidades que antes no teníamos (comunicación, continuidad de contacto, acceso a mucha información, globalización de conocimiento, herramientas con las que compartir opiniones...) estamos descuidando cosas tan sencillas e importantes como el hablar con nuestros padres (o nuestros padres con sus hij@s) de lo que preocupa, o quedar para tomar un café con una amiga, ir al cine, hablar, conocer a gente nueva... Lo tenemos todo y seguimos estando en un estado de apatía, de descontento con nuestras vidas. ¿No es una posición desagradecida? Personalmente tengo una buena relación con mis padres (la mayoría de las veces), pero miro a mi alrededor y veo a una generación "Ni-ni" que no se detiene a pensar en su futuro, simplemente deja pasar el tiempo sin hacer nada; a adolescentes que dan contestaciones a sus padres, abuelos o profesores que merecerían girarles la cara (pero resulta que está mal visto socialmente ponerle la mano encima según delante de quién...). Aunque no hay que olvidar la existencia de unos padres, trabajadores, que tienen hijos porque tienen que tenerlos (unos encima de otros porque así van las cosas y está de moda), y prefieren comprar la consola de turno y llegar a casa y reposar del trabajo a compartir una cena sin tele en familia propiciando una conversación natural sobre el día, o que llevan a sus hijos a un centro comercial porque necesitan despejarse, en lugar de llevar a sus hijos al parque, con lo que acaban llorando o volviéndose una carga y, el fin de semana, un suplicio. Me angustia pensar en una sociedad con tantísimas oportunidades, pero que están mal conducidas. En familias que están tan separadas aun conviviendo bajo el mismo techo. Bueno, dejo mi reflexión por hoy... ¡Feliz sábado!  
Artículo: Is Facebook Killing your family?
 
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