La jerga juvenil (y no tan juvenil) de los SMS, o de la mensajería instantánea se ha comportado como un terrorista de la lengua en toda regla. Se ha introducido entre los "jóvenes" y ha sabido ganarse su favor gracias a varios puntos:
- Economía: como en un inicio sólo existía el sms, un sistema de pago, cuanto más ahorres en caracteres (siempre asegurando que el mensaje sea decodificado por su destinatario, evidentemente), menos mensajes necesitas y, por tanto, menos gastas.
- Economía del tiempo: escribes un mensaje más rápidamente porque te comes muchísimas letras.
- Creatividad: desarrollas una capacidad increíble de, a partir de los fonemas, escribir una misma palabra o expresión de formas distintas.
- Relax: porque en la mensajería instantánea no tienes al ojo inquisidor de la ortografía.
Sin embargo, ¿es un desastre desde el punto de vista de la comunicación? Mi opinión es que... no. Me explicaré. La comunicación se basa (aviso que lo llevo a un nivel muy elemental) en el principio de que un mensaje tiene que transmitirse desde un emisor a un receptor. Y debe ser comprensible. Por poner un ejemplo: cuando un extranjero habla un idioma que no es el suyo con alguien nativo, probablemente el no-nativo cometa errores gramaticales importantes y numerosos. Sin embargo, hay un territorio común que comparten y, finalmente, se entienden, sea o no correcto el uso de la lengua. Por tanto, ¿es realmente una tragedia la existencia de esta "jerga SMS"?
El lenguaje es como un organismo vivo que va cambiando y amoldándose al uso que hacen las personas de él. El problema reside en la inaptitud de diferenciar un entorno digital de ocio (mensajería instantánea, redes sociales...), de uno no ocioso (laboral, académico...), en el que sí debes respetar las normas del idioma.
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